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    2009-08-30 22ª Domingo de Tiempo Ordinario

    DOMINGO XXII. Tiempo Ordinario

    30-VIII-09

     

    Deuteronomio 4, 1-2. 6-8: No añadáis nada a lo que os mando. . ., así cumpliréis los preceptos del Señor.

    Salmo responsorial: 14: Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

    Santiago 1, 17-18. 21b-22.27: Llevad a la práctica la palabra

    Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23: Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.

     

    COMENTARIO:

     

     

    “Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres”. Igual que el agua recién nacida, que mana  fresca y transparente de la entrañas de la tierra  y cuando llega al valle está contaminada, así  son los mandamientos del Señor que son fuentes de vida cristalina  tal como salen de su corazón. Jesús nos da la clave para comprender como una palabra que sale limpia de Dios puede transformarse en contaminados preceptos humanos. Jesús dice estas palabras para defender a unos discípulos suyos  que se les acusaba de comer con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. Jesús se enfrenta a los acusadores y los llama: “¡Hipócritas! Dejáis a un lado el mandato de Dios  para aferraros a la tradición de los hombres”. Jesús enfrenta el mandato de Dios y la tradición de los hombres. Para los acusadores su preocupación era el cumplimiento externo de la ley, mientras el corazón quedaba sucio. Por eso un mandato de Dios que no llega al corazón, se estropea, quedándose convertido en una simple tradición de los hombres. No es la fachada lo que importa, sino el interior. La palabra de Dios ha de llegar al corazón para sanarlo y esa salvación de Dios irá brotando hacia fuera, irá asomándose a nuestros ojos y a nuestros labios, haciéndose vida en nuestras obras.

     

    2009-08-23 21º Domingo Tiempo Ordinario

    DOMINGO XXI. Tiempo Ordinario

    23-VIII-09

     

    Josué 24, 1-2a. 15-17.18b: Nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!

    Salmo responsorial: 33: Gustad y ved qué bueno es el Señor

    Efesios 5, 21 - 32: Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia

    Juan 6, 60-69: ¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.

     

    COMENTARIO:

     

     “¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”. Jesús ha ido apretando poco a poco las cuerdas, hasta que estas han saltado. Algunos se iban desconectando de lo que decía Jesús, pero el Maestro se empeñó en decirlo todo hasta llegar al fondo y descubrió el misterio de una carne que se entrega y de una vida que se comparte, y muchos de los que le seguían, al escucharlo lo abandonaron y no volvieron a ir con El. Jesús les pregunta a los que quedan:  “¿También vosotros queréis marcharos?” Alguien  rompe el silencio  movido por el Espíritu.  Es Pedro: “¿Señor, a quien vamos a acudir?”

    Tú tienes palabras de vida eterna. ¿Somos nosotros capaces de hacer hoy, nuestra, la palabra de Pedro?

     

    2009-08-16 20º Domingo de Tiempo Ordinario

    DOMINGO XX. Tiempo Ordinario

    16-VIII-09

     

    Proverbios 9,1-6: Comed de mi pan y bebed el vino que he mezclado

    Salmo responsorial: 33: Gustad y ved qué bueno es el Señor.

    Efesios 5,15-20: Daos cuenta de lo que el Señor quiere

    Juan 6,51-58: Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida

     

    COMENTARIO:

     

     

    “Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”. Hemos llegado a lo alto. La mano de Jesús nos ha ido conduciendo y nos ha remontado. Con mucha paciencia nos ha ido ayudando a desprendernos de nuestra vieja mentalidad de esclavos, ha ido haciendo nacer,   en nosotros un hambre de otro pan que no lleva  dentro el germen de  más hambre, un deseo de otra vida que no esté tan mezclada con la muerte. El que come la carne de Jesús se une de tal manera a El que pasa a vivir su propia vida. ¿Qué nos pasa, pues, que no nos sentamos  a esa mesa?  Venid a comer mi pan, nos dice Jesús.

     

    2009-08-09 19º Domingo de Tiempo Ordinario

    DOMINGO XIX. Tiempo Ordinario

    09-VIII-09

     

    1ª Reyes 19,4-8: Con la fuerza de aquel alimento, caminó hasta el monte de Dios

    Salmo responsorial: 33: Gustad y ved qué bueno es el Señor.

    Efesios 4,30-5,2: Vivid en el amor como Cristo

    Juan 6,41-51: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo

     

     

    COMENTARIO:

     

    “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”. En el paso de la esclavitud del pecado hasta la verdadera libertad, nos encontramos con el paso por el desierto que se hace muy duro,  porque  las fuerzas se van agotando. Es mucha la dureza de la vida, es mucha el hambre en el mundo,  hambre material,  hambre  de salud,  hambre de cariño y mucha soledad. Necesitamos algo que nos devuelva  la ilusión de vivir y nos dé fuerzas para seguir caminando en el camino de la vida. Para no caer en la tentación del abandono y para que no se nos apague la alegría. Necesitamos  un alimento que nos haga capaces para ir plantando semillas de una vida diferente, el amor,  que consigan hacer menos duro el camino. Se trata de algo mucho mejor que el maná: “Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron”.  Jesús no quiere la muerte, sino que tengamos una vida semejante a la suya. Con este alimento podemos andar el camino, por duro que sea, y así llegar hasta la liberación final.

     
     

    2009-08-02 18º Domingo de Tiempo Ordinario

    DOMINGO XVIII. Tiempo Ordinario

    02-VIII-09

     

    Éxodo 16,2-4.12-15: Yo haré llover pan del cielo

    Salmo responsorial: 77: El Señor les dio un trigo celeste.

    Efesios 4, 17.20-24: Vestíos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios

    Juan 6,24-35: El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará sed

     

    COMENTARIO:

     

     “El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará sed”. El pueblo elegido viene de una esclavitud, la de Egipto, y camina hacia una libertad. Estas dos posiciones no están separadas por una simple línea  fronteriza. Hay por medio todo un largo camino, el desierto. Venimos de una esclavitud, la del pecado, y Jesús nos quiere sacar de este pecado para llevarnos a dar el paso de la fe y aceptar la palabra de Dios. Pero para eso hemos de abandonar nuestro antiguo modo de vivir y renovarnos  en la mente y en el espíritu, pasando  por el desierto de la conversión. En este cambio de mente, nos cuesta mucho liberarnos de una manera de pensar y dejar que el espíritu renueve nuestra mente para revestirnos de la nueva condición humana. A veces, que lejos estamos de comprender  a ese otro Jesús que nos quiere llevar a la verdadera libertad.